En
cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése,
nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra
mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten
a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos
de guerra y de victoria.