El Che lo decía todo, o casi todo, con la mirada. Ni la guerra misma pudo arrebatarle a su pupila --luminosa y profética-- la ternura que orientaba la expresión de su rostro. No fue el azar, sino esa virtud guevariana de escudriñar en la gente y el peligro, la que atrapó con su lente --para la eternidad-- el artista Alberto Díaz Gutiérrez (Korda) aquella tarde noche del 5 de marzo de 1960: «Cuando tuve aquella imagen tan cerca, me estremeció la expresión de austeridad y coraje que reflejaba en ese momento, y en un gesto casi instintivo disparé el obturador.»
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Contemporáneo y auténtico, José Martí emerge en este diálogo con un hombre que, por ser poeta, ya nada en él resulta común y corriente: Yamil Díaz Gómez. El escritor santaclareño señala que entre los muchos ilustres intelectuales cubanos y no cubanos que han escrito sobre el Apostol, el recomendaría empezar por Cintio Vitier, y afirma: « ¿Quién sabe si mientras yo respondo a tus preguntas, el maestro Cintio está conversando con Martí?»
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En octubre los mares se colman de flores por Camilo Cienfuegos, desaparecido en 1959. Este 6 de febrero, cuando se cumple el aniversario 78 de su natalicio, también evocamos al intrépido guerrillero, quien junto al Che, fue designado por Fidel Castro para llevar a cabo la invasión de Oriente a Occidente en la última etapa de la lucha armada revolucionaria.
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Un sentido tributo de recordación al líder africano Amílcar Cabral, asesinado el 20 de enero de 1973, se le rindió en la Universidad Médica de Villa Clara, Dr. Serafín Ruiz de Zárate Ruiz, que contó con el auspicio del ICAP y la presencia de los excelentísimos embajadores Crispina Almeida Gómes, de Cabo Verde; Antonio José Condesse de Carvalho, de Angola; Amadeu Paulo Samuel de Concecao, de Mozambique, y Pascal Onguemby , decano del cuerpo diplomático de África en Cuba y embajador de la República del Congo.
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Cuesta trabajo admitir que hayan pasado ya 30 años desde aquella tarde gris de enero de 1980 en que, con el corazón a flor de lágrimas, nuestro pueblo acompañó a Celia hasta lo que sería no su último, como se suele decir en manida frase, sino su primer descanso en una vida consagrada por entero a la Revolución. Y ello es así no solo por lo rápido que ha transcurrido la vida en estos años cargados de lucha, esfuerzos y victorias, sino, sobre todo, porque cuán presente la sentimos todavía entre nosotros, cuán vigente sentimos su obra fecunda y su ejemplo incomparable.
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Pintar a la Universidad de pueblo
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